"Somos la infanteria!"

 

Los duelos y mi amigo el protocolar González…

(hasta hace poco, uno de los sobrevivientes de Tafí)

            En mi vida escuché dos frases que me recuerdan, ahora a los setenta y pico de abriles: primero que estoy vivo, y de puro ansioso que soy, me salteo la primera de ellas para llegar prontamente a la segunda frase, ya que, ésta fue siempre más usada por “mi gente”, esa que yo he dado en llamar: mi círculo rojo, y es ésta: “la vida hermano, es una madeja…sutil!”

            Ahora si, voy a la primera frase antológica ella, se la escuché decir a un amigo, ya no de ese círculo mencionado, sino de otro que estaba integrado por unos tipos algo mayores que nosotros; aclaro; ya no los de “la barra de Tafi”. Ellos, de un espíritu indudablemente más optimista y alegre que nosotros “los depresivos del 66”. A ver si me explico: son aquellos que en un asado de la Semana de Colegio secundario “secesionista”, y a la hora del protagonismo de “los machaos”, comenzaban a tirarse, primero con migas de pan entre mesas enemigas terminando con mignones enteros calentados en el borde de la parrilla o sea, bastante más duros que lo habitual.

            La frase fue dicha por “Titi” cuando ya rondaba los sesenta y cuatro largos: “¡Escuchame Pelusa: nosotros somos la infantería!” -o sea los que caen primero- y aclaro que aquella vez la escuché en plena guerra de “migazos”, en el patio del colegio, debajo de un inclemente sol tucumano de un septiembre cualquiera. Titi Pérez en cuestión, tenía la cara “hecha una jugueteria” pese a que la frase bordeaba lo necrológico.

            Y hasta aquí que, habiendo explicado demasiado acerca de las dos frases  sin embargo me queda otra en el tintero. Esta última -lo prometo- también tiene que ver con esa parte de la vida que es la muerte. Y fue en mi sesión de coaching -hace apenas unos días- expresada por mi amiga, quien me señalaba que yo estaba en “zona de duelos” ya que, no solo contaba los dos de marzo y abril últimos: mi hermana y el “protocolar” González, sino también los de noviembre del año pasado: los correspondientes al “otro” Rodríguez y el de mi compañerita de inglés de los últimos dos años. En definitiva, cuatro duelos.

            La frase decía así: “La medida que te dice que te vas haciendo viejo, es que tus amigos de siempre van desapareciendo”

            Toda esta pesada introducción que subiré a mi blog me obliga a abreviar en una lista interminable de palabras -en fila india- el panegírico de: Ernesto González (a) el protocolar González y también: “Gabino” “Julito” y hasta “Gastón”. Todos ellos dependiendo del ámbito en que se desempeñara Ernesto.

            La barra de Tafi éramos siete integrantes. ¡Hoy mayo del 2025 quedamos cuatro! y si, mi querido Tití, ¡somos la infantería!

            Apenas unos tres días antes del accidente que lo llevara a su muerte, hablé por teléfono con Ernesto alrededor de 58 minutos, tiempo habitual de duración de nuestras charlas a veces más extensas aún.

            Ese dia lo amenacé diciéndole que si llegase a escribir un libro autobiográfico, nuestra relación iba a ocupar al menos dos o tres capítulos.

            En éste caso, voy a sintetizar a modo de relato, y en código interpretable para algunos, unos pocos, que fueron amigos comunes o compañeros o parientes tanto de su parte como de la mia!

            Por ello solo pido disculpas para los que lean esto a partir de aquí, ya que a lo mejor sea chino básico.

            Ernesto era parte fundamental de la calle España al 100, en el 168 era vecino de la Chichi y el Patón Infante. Ya en nuestra pubertad compartíamos el Almacén de Don Luis y Doña Joaquina. Mientras, el preparaba los autitos de carreras como nadie en el barrio. Tenía la única Vespa (la Piaggio le decía) de la zona norte de la ciudad. En ella y como acompañante recorrimos el NOA con anécdotas únicas grabadas a fuego en mi memoria. El “proto” era Saneamiento Ambiental. Era: llegar tarde todos los días al curso, el 3ro.para Técnicos en Saneamiento allá en la Plazoleta Mitre. Antes, y a mediados de los sesenta, sufrimos juntos unas materias en el Técnico, en especial Estática Grafica de “Chanchin”. Los prácticos los terminábamos el lunes a la madrugada minutos antes de partir al Colegio, es decir “al patíbulo”. En ese Colegio era “Gabino” repitió curso no sé si uno o dos años, algo común por aquellos años, hecho que hoy seria calificada como crueldad educativa.

            Los fines de semana “nos colábamos” en cumpleaños o fiestas familiares de cualquier índole. Lo único que no hice con él fue ir a Las Mesadas, me enojé por su parsimonia en los preparativos. ¡Rodamos con la Vespa en la Cuesta de La Chilca (Catamarca) “Te salvé la vida Garcia!”, me dijo. Organizamos cursos de la materia “Promoción de la Comunidad” con proyección de películas en 35 mm al mejor estilo Cinema Paradiso. Nos “apedrearon” los asistentes allá por Rio Seco, sur de Tucumán. Fue “marinero”, le tocó la colimba en la marina. ¡Conocí Mar del Plata desde el agua Garcia! ¡Era un chiste! Era contagioso como un buen chiste. Creo que soy el único que lo definió asi, cosa difícil, pero muy difícil de explicar; ¡jamás peyorativa!. Aun hoy “me espanta su sonrisita cuasi buenamente sarcástica”. El tipo conocía todas mis jugadas, las buenas y las malas. Yo de el no tanto. Aunque siempre me decía: “¡como me conocés Garcia!”. En la época de la Facultad y gracias a su vecindad con Cru -el “otro” Rodriguez- prácticamente viví sus aventuras de llevar los chicos al colegio en la línea 12. Aclaro que cuando se casó lo perdí de vista pero, conozco en detalle la anécdota de aquella vez que desarmó el 3 Cv y creo nunca lo volvió a armar. Lo integré “de prepo” a la barra de Tafí del Valle recién a mediados de los ochenta, sin embargo, cada vez que no subía lo extrañábamos horrores. Asi con el “proto”, en los últimos tiempos y por teléfono, revivíamos anécdotas que como un hilo de esa madeja sutil de la vida se entrelazaban y no tenían fin. “¡Por favor RG cortemos ya! ¡Me estás paseando por años de mi vida!”

            Aquí termino: Gracias Gonzalito por los años de amistad. Saravá hermano. Ya no te veré más que en sueños, de hecho, tampoco hay Piaggios circulando por las calles de Tucson.



Comentarios

  1. Mi deseo es comentar. Qué decir ? Si todo lo que comentas ya lo sabía . Vez tras vez me relataba , Julio , las aventuras. Las clases en la facultad , el viaje en moto, las reuniones nombrando a cada uno de los integrantes incluidas las anécdotas. No pasa un día en que no lo recuerde , sobretodo el día en que me dijo : SOS LO MENOS PEOR QUE ME PASÓ EN LA VIDA ... 😂

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